LA QUIMERA DE LA SOSTENIBILIDAD
Recientemente, la publicación de
un presupuesto del Hércules CF ha llamado la atención, tanto por ese importe
tan preciso de superávit (166,77€); como por ese llamativo “ingresos
extraordinarios” (1.467.000€). Varios artículos, han hecho elucubraciones sobre
ese concepto. La realidad, es que, ambas
cifras, esconden una realidad habitual en la categoría de primera RFEF, cuando
el objetivo es ascender.
La categoría de Primera RFEF,
sabido es, que es ruinosa. El descenso administrativo del C.D. Arenteiro, y la
desaparición de la S.D. Tarazona (tras su descenso deportivo), ponen la mira a
una categoría que, respecto a la antigua segunda B, obtiene pocos ingresos, por
un concepto importante como “derechos televisivos”, para una categoría que ha
incrementado sus gastos y, especialmente ,el de plantilla deportiva, al fijar
en esta categoría, un mínimo salarial
que, para equipos como el Hércules CF, no son un factor importante, pero
sí para otros equipos con menor capacidad de ingresos. Mayores gastos, por
ejemplo, de desplazamiento respecto a esos cuatro grupos de 20 equipos de
antaño, cuya cercanía permitía hasta ahorrarse gastos de alojamiento.
Fruto de ello, es que muchos de
esos equipos acaban necesitando de un apoyo externo más o menos firme, para
poder subsistir y, a algunos niveles, aspirar a salir de esta categoría.
Plantillas de cerca 2,5-3 millones, más gastos externos a duras penas son
cubiertas con abonos, taquillas o los mencionados derechos televisivos, que
apenas llegan a los 200.000 euros, a pesar de la extraordinaria visibilidad,
que tiene la categoría (a menos, a nivel de oferta, porque lo que es demanda,
es bastante insuficiente).
Hay otro problema, que es el
control de las cuentas, debido a que el ascenso a segunda división, la actual
Hypermotion, te va a valorar, establecer un límite salarial, que puede suponer
un lastre en la primera, y sucesivas temporadas si vienes con cuentas
“tocadas”. Eso hace, que el paso por primera RFEF sea lo más parecido a un
funambulista, en el que un bajo desempeño económico-deportivo, les pueda bajar
a segunda RFEF y un excesivo esfuerzo…les puede perjudicar tras un ascenso.
Para nuestro Hercules CF, tras su
ascenso a primera RFEF en 2024, no es extraña esta situación, en la que tiene
que estar jugando con esa circunstancia, y soñando que, con su planteamiento,
llegue ese punto de suerte, como el que le llevó al ascenso en 2024, tras seis
victorias consecutivas, en las que la pelotita quiso quitarnos sinsabores
pasados, como el “penalty” de Cádiz (2015),
el famoso resbalón de Alex Muñoz (2016), o ese partido que se marcó Isi
Palazón en 2019 y que nos frustró, posiblemente, la opción más clara de volver
a la Segunda División. Un planteamiento sobrio de plantilla que, sin excesos,
pueda tener “chance” de que no suponga mucho esfuerzo extra, a la persona que,
de todos modos, tiene que aportar porque, en una perspectiva más “realista”,
buscando la autosuficiencia, requeriría un gasto de plantilla que no llegara a
2 millones(está en 3,6 millones presupuestada, según lo publicado ayer)… o
menos, porque el anuncio de una plantilla más barata, iría acompañada,
previsiblemente, de unos menores ingresos previstos de abonos y entradas, ante
una perspectiva de plantilla de circunstancias. Querer aspirar a subir, implica
un mayor coste al que los ingresos no alcanzan.
Eso genera, curiosamente, una
correa de transmisión entre los déficits que tiene el club y la dependencia
respecto a Enrique Ortiz.
Tras el procedimiento concursal
de 2011, muy duro y exigente, el rol del máximo accionista (en este caso,
indirecto), ha sido que hay un control de los gastos dentro de las
posibilidades, que implica que no se desmadraran los déficit, como en los años
que fueron entre 2007 y el propio 2011. Desde entonces, esas pérdidas,
habiéndolas, porque se estaba en segunda B, han sido comedidas dentro de lo que
ha sido él. Quitando tres ejercicios de forma específica, por resultados ajenos
a lo deportivo (2012/13 con beneficios, por la realización de quitas dentro del
proceso concursal; 2015/16 por una provisión de casi 7 millones de euros, por
el tema de la sanción de Bruselas; y 2018/19, al desdotar dicha provisión,
generando unos beneficios de 5,4 millones de euros), los demás años, se ha
movido en un margen en el que el mayor déficit, se vio en el año de pandemia al
disminuir los ingresos de abonos…y manteniendo firme el importe de la plantilla
(3,34 millones de déficit), pero era una
situación excepcional. Los dos últimos ejercicios conocidos, a falta de la
2025/26, que está en período de formulación, se han saldado con déficit menores
de 2 millones de euros, que son peccata minuta, comparados con los de esos años
“dorados” de los Tote, Farinós, Trézeguet, Abel Aguilar, Rufete o Tiago
Gomes (el año del ascenso, fue un déficit de 13,6 millones de euros y doblado en Primera División).
Esos déficits, implican que se
incremente la dependencia del club respecto a Enrique Ortiz, ya que las deudas
del club, se incrementan para hacer frente a las obligaciones de pago que tiene
el mismo, y que su tesorería no podría abarcar. Las deudas del club,
mayoritariamente, tienen su nombre, de forma directa o indirecta (15 de los 26
millones de deuda). Como lado positivo de eso, las deudas con las Administraciones Públicas, se han ido
reduciendo también, pasando de los 5,1 millones de 2018 a los apenas 0,6
millones en 2025.
Lo bueno de esta situación, es que,
dichas deudas, a grandes rasgos, no generan tensión de tesorería, ya que acaban
siendo compensadas con acciones, se capitalizan. Incluso, dentro de ese “qué
paguen la fiesta”, que algunos comentan. Lo curioso, es que Enrique Ortiz, lo hace a su pesar, ya que,
encima, tras capitalizarlo en acciones, se procede a reducciones de capital
social (como la que hubo en 2023/24 cuando se pasó de 28,8 millones de euros a
cerca de 2 millones de euros).
Aparte de otros conceptos, lo que
mueve un club, es el baile que llevan los ingresos, y los gastos deportivos, en
esos “resultados de explotación”, porque van a ser relevantes. De los gastos,
ya sabemos: coste de personal deportivo-no deportivo (tanto de sueldos, como
coste patronal de la seguridad social); los relativos al desempeño deportivo (arbitrajes,
desplazamientos, suministro de material de ropa deportiva,…) algunos son
conocidos y predecibles y, otros, van a ser los que van a mover los ingresos.
Porque un pobre planteamiento de fichajes, en una temporada, tal y como se ha
comentado anteriormente, puede provocar
un desplome en la venta de abonos y, por el contrario, un planteamiento
ambicioso, puede hacer crecer dicha venta. La situación ideal, sería que la venta de los abonos, no
dependieran tanto de los fichajes, y sí la firme defensa de unos colores. Un
ejemplo, sería el Real Oviedo, que pronto llegó a los 27.000 socios antes del 6
de julio, tras sufrir el descenso a
Segunda División. Sí, me podrán decir que empiezan antes la campaña de abonos
pero, aún así, fue rápido intenso y con
pocos fichajes hechos.
Obviamente, la quimera de la
sostenibilidad en el Hércules CF, y equipos de Primera Rfef e inferiores, es
que los ingresos igualen o superen a los gastos. Aquí entra otro elemento que,
en el Hércules CF suele aparecer muy poco: el ingreso por traspaso de
jugadores. En esta temporada ya venimos de la venta de Carlos Rojas al Episentr
ucraniano, y por ahí se anda con una perspectiva potencial como es Blazic y, en
menor nivel, Mehdi Puch. Jugadores cuya venta equipararía los ingresos con los
gastos (incluso superando, se podría plantear algún fichaje mejor).
La autosuficiencia es eso: que
los ingresos igualen o superen los gastos, y que no sea precisa la ayuda
económica de una persona determinada. Eso, también exigiría seguir un camino,
que aún no se ha aprendido: Abde supuso 2 millones de euros (aparte del famoso
tema judicial implícito), sin olvidar a Miguel de las Cuevas, o Kiko Femenía.
Es decir, la cantera debe ser ese bastión, aunque se asuma ese carácter
“vendedor”. Como decía el director de “la 21” (cantera del RCD Espanyol), el
objetivo es formar jugadores para que, en caso de venta, se pueda subir a un
jugador en su puesto, con la misma calidad que el vendido. Esos ingresos
extraordinarios más los abonos, la televisión, la taquilla puedan igualar el
coste (y ya no digamos superarlo).
El deseo personal es que, en caso
de ascenso a Segunda División y, en un futuro, a Primera División no se pierda la cabeza como antaño, y se mantenga cierto equilibrio en las cuentas.
Fernando Cansado

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